Desde hace muchos años he escuchado en distintas instancias universitarias la expresión "somos la cereza del pastel". La frase expresa la intención de señalar que se trata de lo más importante o lo más perfecto entre aquello que ya está bien.
La frase me incomoda porque no la he escuchado o leído procedente de fuera de las instituciones, al contrario, procede de un ejercicio de autoafirmación que pretende mostrar el valor del trabajo de un grupo o la posición de los actores sociales implicados. En todo caso, se trata de una postura interna que solicita legitimación por parte de quienes observan o están implicados en los procesos educativos, de investigación, de difusión o de gestión.
La universidad pensada como un espacio de coincidencia y convergencia de los distintos saberes no puede concebirse de manera cerrada. La "cereza del pastel" supone que se ha llegado a la cumbre y desde ahí se suele tener una visión que corre el riesgo de considerarse absoluta por mirar desde arriba, pero que es débil cuando se pierde de vista lo pequeño, los detalles, las búsquedas y pequeños hallazgos.
Definitivamente no me gusta que un departamento, facultad, centro u oficina se considere la cereza del pastel, porque pretendiendo mostrar fortaleza muestra debilidad, autocomplacencia o incluso la suposición de estar por encima de los demás.

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